Antes del primer trazo hay una decisión silenciosa: dónde detener la mirada. Un ejercicio para descubrir lo que la prisa vuelve invisible.
Influencia, ensayo y elección: la búsqueda de una mirada personal puede convivir con la curiosidad por el trabajo de otros.
Antes de ampliar la colección de herramientas, puede resultar más fértil conocer a fondo lo que una de ellas permite hacer.
Bocetos, notas y pruebas sin obligación de convertirse en obra. Un espacio para conservar lo que todavía no sabemos nombrar.
Una experiencia intensiva puede aprovecharse mejor cuando sabemos qué queremos observar, poner a prueba o llevar de vuelta a nuestra práctica.
Compartir una pintura exige algo más que emitir un juicio. Escuchar, describir y preguntar pueden abrir una conversación útil.
Más allá de una biografía, las obras permiten seguir preguntas, elecciones y transformaciones a lo largo de una práctica.
